Análisis del plan de ajuste del gobierno - Entrevista en Diagonal nº 127

Diagonal ha hecho un breve cuestionario al ICEA con motivo de las medidas que va a tomar el gobierno de Zapatero para enfrentar la actual crisis económica. La noticia que han redactado a partir de esas preguntas, El recorte de Zapatero pone en marcha al sindicalismo hacia la huelga general, ya está publicada en el último número del periódico. A continuación ofrecemos el cuestionario al completo.

 

Diagonal: ¿Cómo valora su organización las medidas adoptadas por el gobierno de Zapatero?


ICEA: Desde el ICEA valoramos las medidas como una agresión directa a la clase trabajadora y a los sectores más débiles de la sociedad española. Están tratando de satisfacer las exigencias de los especuladores (pues, al fin y al cabo, la deuda pública estimada para 2010 está ligeramente por encima de lo acordado en el Pacto de Estabilidad y, en todo caso, por debajo de la de otros países miembro de la UE, entre los que cabe incluir a Francia o Alemania) a costa de los sectores populares. La agresión a pensionistas, funcionarios y dependientes es el comienzo de lo que nos espera: un endurecimiento del proceso de ajuste que la clase trabajadora venía padeciendo desde hace años, como lo prueba la reducción de su participación en la renta nacional, sólo que esta vez se ha pasado de formas menos explícitas a la brutal vía fondomonetarista que tan famosa se hizo en América Latina en los ochenta y noventa. Todo ello provocará sin duda el empobrecimiento acelerado de la sociedad española y la generalización de la precariedad vital incluso para aquellos trabajadores que de algún modo la habían podido esquivar hasta el momento, al menos de forma parcial.

D: Hay sectores que han salido francamente desfavorecidos de esta reforma (funcionarios, jubilados, dependientes, etc.). Se une a los grandes ERE que se han realizado en el sector privado. ¿Es la huelga general la salida más efectiva ante la situación actual?   
 
ICEA: Es, desde luego, una medida absolutamente imprescindible para comenzar a conjurar las fuerzas necesarias para que los sectores populares detengan esta espiral infernal de empobrecimiento que les amenaza. Sólo la huelga general puede dar la respuesta adecuada a la enormidad de las agresiones padecidas y las que están por venir, y sólo ella puede despertar a la izquierda antagonista y hacerla confluir en torno a un objetivo inmediato. Ahora bien, para que cumpla con ciertas garantías este cometido, es necesario plantearse la posibilidad de que se trate de una huelga prolongada, y sobre todo, que vaya acompañada de un trabajo de base que refuerce la conciencia de la clase trabajadora, en lo que las organizaciones que se reclaman de la izquierda transformadora tienen mucho que decir y que hacer. En ese sentido, nos parece crucial mantener una movilización sostenida que vaya más allá del mero freno a los retrocesos que nos quieren imponer la patronal y el gobierno, avanzando de forma simultánea con las luchas para recuperar el poder sindical de clase y anarquista. Por ejemplo, en el caso de ERE o cierres de empresas hay que tratar de forzar la situación para apropiarse directamente de la producción, así como también plantearse fórmulas de control de la oferta de trabajo, de forma que los empresarios tengan que recurrir a los trabajadores organizados para acceder a la mano de obra, y no sean las ETT o el Estado quienes tengan ese control.

D: Tal y como se valora de forma negativa esta reforma. ¿Dónde habría que acometer las grandes reformas de este país? ¿Dónde esta el núcleo del problema?
    
ICEA: El ICEA, al comienzo de la crisis, planteó, en su publicación Cuadernos nº 1, una serie de medidas de tenor reformista y progresivo, para tratar de atenuarla y, sobre todo, variar la desfavorable correlación de fuerzas que los trabajadores han de arrostrar en este momento. En el caso del déficit público, ya planteábamos la necesidad de una reforma fiscal para acometer este periodo de crisis, a la que añadíamos medidas para disminuir el gasto público más inútil socialmente (políticos, militares, policía y casa real). En todo caso, debería comenzarse por gravar a las grandes fortunas, incluyendo en particular sus instrumentos de enriquecimiento, que para mayor escarnio, están en el epicentro de la especulación financiera, como los hedge funds, y revisar en el caso español la fiscalidad de las SICAV y las SCIMI –lo que habría de coordinarse a nivel europeo para evitar la competencia de los países entre sí-; aumentar el nivel de vida de las clases populares, incluyendo tanto el blindaje de sus rentas (los salarios) en niveles dignos como el compromiso real con el pleno empleo, para lo cual sería muy útil una política industrial cuya financiación sería posible acudiendo adonde está el dinero: tanto a las rentas y patrimonios de los ricos, como ya hemos mencionado, como a los fondos habilitados para el sector bancario, cuyo saneamiento no tendríamos que estar pagando los trabajadores; y además, reformar el mercado de trabajo para acabar con la precariedad en él instalada, modificando de paso el marco regulatorio adecuado para tratar de atenuar el sesgo a favor de las organizaciones de trabajadores más burocráticas y delegacionistas, y por tanto, conservadoras, que son las han jugado un papel de contención de las protestas de las bases y han actuado de comparsa en el proceso de ajuste que llevamos años padeciendo. Nos parece finalmente necesario denunciar, por odiosa, una deuda que ha crecido abrumadoramente como consecuencia del gigantesco regalo multimillonario de dinero público que los dirigentes políticos globales hicieron al mundo financiero el año pasado.
    De cualquier forma, no podemos olvidar que, más que una reforma, es precisa una sustitución del sistema capitalista porque a esta altura sobran las evidencias de que se trata de un sistema estructuralmente ineficiente y que, sus gestores, ya sean del PSOE o del PP no defienden más que los intereses de los ricos y poderosos. Por lo tanto, habría que empezar a plantearse las formas para adecuar la producción y la distribución a las necesidades de la población, promoviendo además una gestión de todo ello –tanto medios de producción como el resto de la sociedad- a manos de los propios trabajadores.

D: ¿Cómo valora la actitud de CCOO y UGT ante la propuesta del gobierno? ¿Cuál es la actitud que tiene que tomar su organización en este sentido?
  
ICEA: La actitud de CCOO y UGT es simplemente vergonzosa. Su papel en todo esto está siendo el de evitar a toda costa que se produzcan las legítimas muestras de descontento popular.  Como prueba pueden citarse el no convocar huelga general ante la parte del ajuste que ya conocemos y el cambiar la fecha de la huelga de funcionarios (que, en todo caso, dicen los rumores que van a intentar desconvocar), de manera que no coincida con la reunión en España del Club Bilderberg y que se produzca cuando muchos profesores han terminado sus clases o se encuentran en exámenes finales (que constituyen servicios mínimos).

D: Con la situación de crisis y la actitud que los sindicatos mayoritarios han adoptado. ¿Qué clase de movilizaciones se pueden proponer? ¿Estaría su organización dispuesta a ir a una movilización, parcial o general, en conjunto con otras organizaciones sindicales, donde se comparta unos mínimos?
  
ICEA: El ICEA apoyará todas las movilizaciones que se produzcan contra esta situación, aun no siendo una organización sindical ni directamente relacionada con la organización de las mismas. En cualquier caso, nos parece que habría que forzar huelgas indefinidas en sectores estratégicos como, por ejemplo, la banca y las finanzas, de forma que puedan ayudar a paralizar el país. Al fin y al cabo, se trata de un sector que está sufriendo reestructuraciones muy grandes, expulsando al paro a miles de trabajadores, a lo que habrá que sumar el más que probable proceso de privatización de las cajas de ahorro, por lo que es necesaria una respuesta ya.
     Asimismo habría que presionar por todos los medios a nuestro alcance al partido en el poder, el PSOE, y a CCOO y UGT para que no firmen una nueva reforma laboral, por medio de concentraciones ante sus sedes, envío masivo de faxes de protesta, etc. No puede ser que un partido que se intitule socialista y obrero haga estas cosas, y esto le tiene que pasar factura. Tampoco puede ser que estos sindicatos orgánicos acepten reforma tras reforma, por lo que se torna imprescindible participar en la generación de un movimiento de descontento que cuestione la representatividad de estas entidades no ya respecto a los trabajadores en general, sino también incluso respecto a sus propios afiliados, entre cuyas filas se extiende la decepción. ¿Como es posible que organizaciones que no cuentan ni con el 10% de afiliación total firmen contrarreformas salvajes contra nosotros mismos? Los procesos de toma de decisiones importantes, que nos afectan como trabajadores, están secuestrados por las élites burocráticas, y esto se tiene que acabar. En su lugar, hay que apostar por un sindicalismo de clase y anarquista que promueva las asambleas de trabajadores como medio para decidir sobre nuestros destinos.